Entre 1985 y 2024, la superficie afectada por incendios forestales en el departamento de Santa Cruz evidencia una tendencia creciente y una intensificación sostenida, con un promedio anual de 1.55 millones de hectáreas quemadas. Este comportamiento no ha sido uniforme, sino que ha estado marcado por fluctuaciones interanuales y eventos extremos que reflejan cambios estructurales en la dinámica del fuego. A nivel decadal, se observa una fase inicial de expansión entre 1985 y 1999 con aproximadamente 1.1 millones de hectáreas afectadas por año, seguida de un incremento en el periodo 2000-2009 hasta 1.6 millones de hectáreas. Posteriormente, entre 2010 y 2019 se registró una ligera reducción a 1.2 millones de hectáreas anuales, sugiriendo una relativa estabilidad. Sin embargo, el periodo más reciente, 2020-2024, muestra un cambio drástico, duplicando las cifras previas y alcanzando un promedio de 3.2 millones de hectáreas anuales, con eventos extremos en años como 1999, 2004, 2010, 2019 y un máximo histórico en 2024, cuando se superaron los 9 millones de hectáreas quemadas.
Un aspecto particularmente crítico es el cambio en el tipo de cobertura afectada. Mientras que en los primeros años del análisis los incendios se concentraban principalmente en áreas no boscosas, a partir de 2004 se evidencia una presión creciente sobre los ecosistemas forestales. La proporción de superficie quemada en bosques aumentó progresivamente de 57% en 2004 a 61% en 2019, alcanzando un punto crítico en 2024, cuando el 80% de la superficie afectada correspondió a bosques. Este cambio indica una transición hacia un régimen de incendios más severo, con implicaciones significativas para la conservación de la biodiversidad, la estructura del paisaje y los servicios ecosistémicos.
Adicionalmente, se identifica una reconfiguración geográfica en la ocurrencia de incendios. Entre 1985 y 2000, estos se concentraban predominantemente en el sector oriental del departamento, afectando principalmente sabanas inundables y el Cerrado. No obstante, entre 2001 y 2024 se observa un desplazamiento hacia el norte, donde se concentra el 58% de las áreas quemadas, impactando zonas de transición y sectores de la Amazonía. En este contexto, la afectación del bosque amazónico ha aumentado de manera significativa en el periodo reciente (2017-2024), pasando de niveles históricos de entre 1% y 2% a aproximadamente 8%, lo que evidencia una expansión del fuego hacia ecosistemas más húmedos y previamente menos afectados.
En términos acumulativos, el bosque seco chiquitano se posiciona como la ecorregión históricamente más impactada, con entre 4 y 4.45 millones de hectáreas quemadas y una recurrencia casi continua a lo largo del periodo de estudio. Le siguen la Amazonía, con 2.51 millones de hectáreas afectadas en 2024, y las sabanas inundables, con 2.23 millones de hectáreas en el mismo año. En conjunto, estos resultados evidencian una transformación sustancial del régimen de incendios en Santa Cruz, caracterizada por una mayor intensidad, extensión y afectación de ecosistemas forestales, lo que plantea desafíos críticos para la gestión del territorio, la mitigación de riesgos y la adaptación frente a condiciones climáticas y antrópicas cambiantes.
Se presenta la reciente publicación en la revista Ecología en Bolivia, en la cual se analizan de manera integral las tendencias y patrones de los incendios forestales en el departamento de Santa Cruz durante el periodo 1985–2024. Este trabajo constituye un aporte técnico relevante para la comprensión de la dinámica espacial y temporal del fuego, así como de sus implicaciones sobre los distintos ecosistemas del territorio.
En este marco, se ponen a disposición las estadísticas generadas a partir de dicho análisis, con el objetivo de que puedan ser consultadas y utilizadas por gobiernos municipales, áreas protegidas e instituciones interesadas. La información disponible permite adaptar y personalizar los resultados según requerimientos específicos, facilitando la generación de indicadores, reportes y análisis focalizados a distintas escalas territoriales. De esta manera, se busca fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia, así como apoyar procesos de planificación, monitoreo y gestión del riesgo de incendios forestales.
